Pa Pensar

Mantenme en tu órbita 3

Acostumbrarnos

Cuando somos jóvenes no tenemos verdadera conciencia del tiempo.
No entendemos lo que el tiempo puede hacer con las cosas.

Yo tengo veinticinco y tú veinticuatro.
Todo todavía se siente nuevo. Eléctrico. Intacto.

Cada caricia.
Cada conversación.
Cada aventura.
Cada deseo callado.

Pero, ¿cómo se verá la vida después de veinticinco años juntos?
Cuando el tiempo que hayamos compartido sea tan largo como el que vivimos antes de encontrarnos.

¿Mi voz seguirá despertando algo en ti por las mañanas?
¿Me apretarás la mano con la misma fuerza cuando caminemos?
¿Seguirás besándome el cuello con esa intensidad?
¿Escucharás mis historias como si todavía importaran?

Cuando tenga menos pelo.
Cuando veas arrugas en mi cara.
Cuando mi cuerpo cambie.
Cuando yo cambie.

¿Tendrás paciencia cuando esté absorto con mis pacientes?
¿Cuando tenga mi propia consulta?
¿Cuando me mires y notes que una parte de mí siempre está pensando en eso?

Cuando ya te hayas acostumbrado a mis brazos.
A mi risa.
A mis chistes.
A mis palabras.

Yo miraba a escondidas las películas de princesas con mi hermana.
Dos personas que se encontraban en algún lugar del mundo
y compartían una vida que seguía siendo dulce y amorosa.
Siempre quise creer en eso.

Y aun así.

Veo ese sueño romperse a mi alrededor.
Parejas que se acostumbran el uno al otro.
Que pierden la tensión.
Que pierden la esperanza.

Yo quiero amarte, Karen.
Y hacerte feliz con lo que soy y lo que puedo ofrecerte.
Quiero verte sonreír todos los días.
Quiero ser tu apoyo y tu lugar seguro.

Te extraño en los momentos pequeños, silenciosos.
Apareces en mis pensamientos sin avisar.
En cada plan que hago, ya estás tú, en algún rincón, entre líneas.

Espero no perder nunca mi lugar en tu corazón.

Te amo, Karen.

Soy tuyo.
Soy tuyo.
Soy tuyo.