Pa Pensar

Mantenme en tu órbita 4

Lujuria

La lujuria que corre por mi cuerpo se siente como una tortura.
Un deseo ardiente que no me da tregua.

Cada mañana mi cuerpo me la recuerda cuando tengo que acomodarme, intentando disimular lo que provoca en mí.
Cada noche me duele la ausencia de tus manos.

Detesto la distancia.
Ser joven…
y no sentir tu cuerpo pegado al mío.
No sentir tus labios en mi cuello.

Me estoy volviendo loco de tantas ganas de ti.
Me pone más intenso, más impulsivo.
Por suerte tengo cómo desahogarme.
Golpeo más fuerte en el boxeo y estudio hasta tarde.
Eso mantiene mi mente ocupada.

Pero mis recuerdos contigo siempre se abren paso.

Tus palabras: “mi boca es tuya”
retumban en mi cabeza.

Los temblores de tu cuerpo cuando te venías
vibran dentro del mío.

Siento fuego corriendo por cada vena.
Cada nota de voz.
Cada foto.
Todo despierta mi cuerpo.

Tus labios carnosos, que me enloquecen cada vez que sonríes a la cámara.
Tu cintura marcada que no dejo de imaginar bajo mis manos.
La curva sensual de tu espalda cuando te arqueas para mí… perfecta.
Esa mirada tuya, cargada de deseo, que me arrastra y me hace perder el control.

La lujuria sola sería fácil de manejar.
Pero está mezclada con amor de verdad.

Y esa combinación me desarma.

Cada parte de mí te anhela.
Sentir cómo respondes.
Cómo te derrites cuando me acerco.

Tengo paciencia.
Pero el día se acerca.
El día en que vuelva a verte.

Quiero arrancarte la ropa,
tomarte del cuello y besarte con fuerza,
ponerte contra la pared
y encender todo tu cuerpo hasta que tiemble, hasta que gimas sin aliento.

Me embriagas, Karen.
Tu olor.
Tu sabor.
La forma en que te enredas en mí, desesperada, necesitándome.

Te deseo tanto que duele.
Cada curva tuya.
Cada sonido que haces.
Cada mirada que me lanzas me prende.

Y cuando por fin vuelva a tenerte,
voy a recorrer cada centímetro de tu piel,
a adorarte despacio,
y mostrarte cuánto he estado ansiando este cuerpo tuyo.

Eres mía, Karen.
Y estoy contando los días para recordártelo en persona.