Crecer con una hermana
Es extraño cuánto tenemos en común.
Emociones.
Deseos.
Humor.
Pero lo que más me llama la atención es la estructura de nuestras familias.
Los dos crecimos con un hermano menor y una hermana mayor.
Quiero contarte lo que aprendí al crecer con mi hermana, y cómo moldeó mi forma de ver y tratar a las mujeres.
En mi cultura, a los hermanos se les enseña a proteger a sus hermanas. Mis padres se aseguraron de que yo entendiera eso desde muy pequeño. No era una sugerencia, era una responsabilidad.
Ella tenía talento para dibujar y, cuando tenía como doce años, iba a una academia de arte los fines de semana. Quedaba a una distancia considerable, así que yo era quien la llevaba y la recogía. Todos los fines de semana nos levantábamos temprano y caminábamos juntos.
Yo tenía solo diez años, pero lo sentía con mucha fuerza. Ella se sentía segura conmigo.
Y aun en un trayecto tan corto, yo entendía que el peligro podía existir.
Empecé a comprender algo más profundo.
Que cuando una mujer te permite estar a su lado, está confiando en ti. Confiando en ti con su seguridad.
Y eso implica una responsabilidad, todo el tiempo.
Sin importar la incomodidad. Sin importar el sacrificio.
Ella me eligió.
Y por eso, nunca podía permitir que estuviera desprotegida.
He cargado eso conmigo desde entonces.
Y cuando te conocí, volví a ser ese niño de diez años.
Sentí una responsabilidad tranquila por tu seguridad.
Tal vez lo notaste en cosas pequeñas. Cuando te decía “cuídate”. Cuando te di el gas pimienta.
Porque confiaste en mí.
Para estar contigo, a solas.
Tan lejos de tu casa.
Esa confianza se veía en tus ojos.
Y yo nunca podría dejarte desprotegida.
Nunca.
Mi hermana y yo solíamos tener conversaciones profundas.
Una vez hablamos de quién sufre más cuando hay una infidelidad, si el hombre o la mujer. Y ella tenía un argumento muy fuerte.
Me decía que, por más independientes que sean las mujeres, siempre son conscientes de su vulnerabilidad. Las diferencias físicas siguen siendo reales. Son ellas quienes pueden quedar embarazadas, quienes ponen su cuerpo en riesgo, quienes muchas veces cargan con más peso social.
Un hombre puede irse con más facilidad, sin importar cuántas personas dependan de él.
Por eso las mujeres son más selectivas. Por eso confiar no es fácil.
Porque no se pueden dar el lujo de ser descuidadas.
Entonces, cuando un hombre es infiel, no es solo una traición.
Es una ruptura de la confianza, de la seguridad, del bienestar emocional.
Toca la supervivencia. Afecta el sentido de pertenencia.
Un hombre, en cambio, rara vez depende de una mujer en tantos niveles.
Yo siento tu confianza.
Y siento lo vulnerable que puedes ser conmigo.
Créeme.
No tengas miedo.
Tu confianza está segura conmigo.
Siempre voy a ser fuerte por ti.
Te extraño, Karen.
Esta noche no es un extrañar intenso ni apasionado.
Es uno silencioso.
De esos que se sienten cuando el mundo sigue girando, pero algo dentro de uno se queda quieto.
Pa Pensar.
Pa Pensar.
Pa Pensar.
