Explorar y dejarse explorar por
Desde muy joven tuve un profundo interés por la historia.
Tantas cosas ocurrieron antes de que yo tuviera conciencia de mí mismo.
Leí mucho y me tomé muy en serio las clases de historia.
Pero ¿qué etapa fue la que más me fascinó?
La Era de los Descubrimientos.
Nací en una ciudad dividida en dos por uno de los ríos más majestuosos e importantes del mundo: el Rin/Mosa.
El agua es uno de los elementos que los neerlandeses aprendieron a someter a su voluntad.
Pero no fue el río lo que me hizo soñar, sino la vista del Mar del Norte desde la playa.
Hace cientos de años, la gente creía saber cómo era el mundo.
Pensaban que terminaba en las aguas del oeste.
Pero un pequeño grupo de personas se atrevió a cuestionar esa realidad.
Miraron hacia el horizonte y decidieron desafiar esas verdades.
Un día zarparon rumbo al oeste.
He intentado incontables veces imaginar cómo se sentían esos hombres.
El paso de los días, todos iguales, sin que nada pareciera cambiar.
Hasta aquel día en que un hombre gritó que había tierra a la vista.
Pensar en eso hace que mi sangre corra más rápido.
La aventura.
La incertidumbre.
El miedo.
Yo creía conocer mi mundo.
Mi manera de avanzar era lógica y coherente.
En mi vida, el progreso constante era la norma.
Hasta que te conocí.
Desafiaste mis emociones.
No nos hablamos en el idioma en que pensamos.
Hay tanto por explorar, y tanto por dejarse descubrir.
Cada momento, por teléfono o en persona, me hace sentir como uno de esos marineros a bordo del barco.
En ti he encontrado el mayor misterio de mi vida, uno que deseo desentrañar.
Seguramente cometeré errores en el camino.
Puede que la brújula o las estrellas me confundan.
Pero quiero conocerte y comprenderte.
Pa Pensar.
Pa Pensar.
Pa Pensar.
