Nuestro Futuro Juntos 9

Erasmiaans

Te acuerdas, Karen, de aquella noche fría cuando caminamos juntos por mi pasado? Estábamos frente a mi antiguo colegio, mirando por las ventanas mientras te contaba historias sobre la versión más joven de mí. Por un momento, sentí que ambos podíamos verlo ahí, recorriendo esos pasillos sin tener idea de todo lo que el futuro le tenía preparado.

Cuando pienso en mi vida, siento una profunda gratitud. No todo el mundo recibe las oportunidades que yo recibí, y mucho menos tantas veces como me sucedió a mí. Tuve la suerte de nacer en uno de los países más prósperos del mundo. Tuve la suerte de tener una madre que entendió desde muy temprano que la lectura podía cambiar el destino de una persona. Tuve la suerte de encontrar profesores que creyeron en mí y me dieron oportunidades cuando no estaban obligados a hacerlo. Claro que también trabajé duro, pero cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que gran parte de lo que he logrado fue posible gracias a las personas que estuvieron a mi alrededor.

Todavía recuerdo con claridad cuando obtuve una de las calificaciones más altas en un examen nacional. Ya te conté la historia de lo orgulloso que estaba mi papá. Fuimos a celebrar a McDonald's, aunque apenas teníamos dinero y llevábamos años sin ir. Para él, la ocasión lo merecía. También recuerdo la noche en que fui admitido en Erasmiaans. Tenía el número 410, y esa noche el colegio publicó en internet los números de quienes habían sido aceptados. Bajé por la lista con nervios hasta encontrar el mío, y en el instante en que apareció en la pantalla, toda mi familia comenzó a celebrar en la sala de la casa.

Esos seis años me cambiaron profundamente. Entré a ese colegio siendo un niño de doce años y salí convertido en un joven de dieciocho. Durante ese tiempo cambió mi cuerpo, cambiaron mis ideas y cambió mi manera de entender el mundo. Estuve rodeado de buenos amigos y de profesores que me trataron con cariño, y siempre intenté devolverles esa misma bondad. Recuerdo las clases de la tarde, los exámenes en el gimnasio y los viajes a Alemania, Italia y Rumania. Pero, sobre todo, recuerdo haber empezado a descubrir quién era realmente.

Durante mucho tiempo fui inseguro. Me preocupaba no ser especial, no destacar en nada en particular y venir de una familia con menos recursos que muchos de mis compañeros. Muchas cosas cambiaron cuando tenía dieciséis años y descubrí el debate y la escritura. De repente, la gente empezó a conocerme. Los estudiantes mayores sabían quién era, los menores también, y mis logros quedaron escritos literalmente en las paredes del colegio. Al mismo tiempo, todo lo demás también estaba cambiando. Mi voz se volvió más grave, mi apariencia cambió y mis amigos dejaron poco a poco de hablar de videojuegos para empezar a hablar de chicas.

A menudo me sentía diferente de quienes me rodeaban, principalmente por mi religión y por la manera en que fui criado. Mirando hacia atrás, hay partes de esa etapa que me generan algo de arrepentimiento, no porque fueran malas, sino porque a veces me limité a mí mismo y dejé pasar experiencias que me despertaban curiosidad. La vida parece más sencilla cuando uno es joven, pero entenderse a sí mismo suele ser mucho más difícil.

Hoy asistí a la presentación de un libro de un escritor que tuvo muchos de los mismos profesores que yo. Nos reímos recordando anécdotas y personalidades que ambos conocíamos, pero también sentí algo extraño. Por primera vez en mucho tiempo fui realmente consciente de cuánto tiempo ha pasado. Ya tengo veinticinco años. Todavía me siento joven, pero también me siento adulto. Sigo siendo estudiante y probablemente lo seré durante cinco o seis años más, y a veces eso me hace sentir como si mi vida todavía no hubiera comenzado por completo, aunque sé que en realidad ya empezó hace mucho.

Y quizás por eso mismo estoy tan agradecido de haberte conocido.

Cuando miro hacia atrás, veo a todas las personas que ayudaron a formar al hombre que conociste. Pero cuando miro hacia adelante, te veo a ti. Veo a alguien con quien puedo construir un futuro en lugar de simplemente imaginarlo. Ninguno de los dos tiene todas las respuestas todavía. Ambos seguimos creciendo y convirtiéndonos en las personas que algún día seremos. Y hay algo muy hermoso en crecer junto a alguien, en lugar de llegar completamente formado a su vida.

Con cada día que pasa me convenzo más de que podemos construir una vida hermosa juntos. No porque todo vaya a ser fácil, sino porque creo que el amor permite que dos personas crezcan la una hacia la otra. Con el tiempo aprendemos a entender los silencios del otro tanto como sus palabras. Aprendemos sus sueños, sus miedos, sus esperanzas y sus anhelos. Poco a poco nos convertimos en hogar el uno para el otro.

Mi pasado moldeó a la persona que conociste. Cada profesor, cada amigo, cada éxito, cada inseguridad y cada lección me trajeron hasta aquella noche fría en la que estábamos juntos frente a Erasmiaans. Pero lo que más ilusión me hace no es la historia que quedó atrás. Es la historia que todavía está por escribirse.

Porque cuando imagino el futuro, mi parte favorita siempre eres tú. Y si la vida nos sonríe, algún día miraremos hacia atrás y entenderemos que aquí fue donde comenzó nuestra historia más importante. No cuando entré a esos pasillos siendo un niño de doce años, sino cuando encontré a la mujer con la que quiero caminar el resto de mi vida.

Anterior
Anterior

Nuestro Futuro Juntos 10

Siguiente
Siguiente

Pa Pensar 34